Luz verde

Raúl Ernesto Jiménez



En Tandil, capital del salame por más de un motivo, había aparecido un Falcon verde con la inscripción “Sí a las dos vidas”. La paradoja es siniestra.

Ahora, en las Comisiones de la Cámara Alta, uno de los expositores, el doctor Edgardo Young, especialista en fertilización asistida, manifestó: «Cuando he visto que a la Interrupción Legal del Embarazo le ponen fecha de mil días, nunca entendí y nadie me explicó, por qué son los mil días».

Debe ser el mismo médico que cuando le preguntaron si estaba de acuerdo con la educación sexual dijo que sí porque sabe de buena fuente que muchos ni se despiden, ni dicen gracias.

La revista Barcelona volvió a poner sobre el tapete el tema de los mensajes antiguos del equipo de “Los Pungas” asegurando que los rugbiers tienen grandes valores, pero los esconden para que no se los robe la mucama.

Uno de los que defiende esos valores es Oscar Aguad, que dejó a los submarinistas del ARA San Juan sin ART.  Ahora los familiares no tienen indemnización por las muertes, y debe cubrirlas el estado. Es el mismo Aguad que culpó a los submarinistas por el hundimiento y el mismo que fue acusado por defender al “Tucán” Yanicelli.

Jeremías escribió en la portada de su trabajo final del 5° año del secundario de Villa Las Rosas, una sentencia de José Saramago que dice: “Hay que recuperar, mantener y trasmitir la memoria histórica, porque se empieza en el olvido y se termina en la indiferencia”.

Bien por Jeremías.

La militancia de Juntos por el Cambio lanzó una” plataforma política”, dirigida por Hernán Lombardi, que propone no permitir votar a quién tenga un plan social.

Peor no se puede.

Debe ser por eso que el maestro Ariel Borda confesó que para él sería fantástico tener que pagar el impuesto a las grandes fortunas.

Le comenté a mi vecino Horacio que de los hijos del ex presidente, uno era ingeniero y la otra era abogada, como buen cambiemos infló el pecho orgulloso como diciendo: “Ese es mi pollo”. No hay modo de imaginar la cara de Horacio cuando le aclaré que me refería a Evo Morales y que los hijos mayores de “ojitos color cielo” son monotributistas y Antonia todavía no tiene edad para ser directora de Aerolíneas Argentinas.

Tres opiniones cordobesas sobre el proyecto del aborto legal.

Baldassi que como argumento central de su voto negativo expuso la “velocidad” con la que se trató el proyecto afirmando que “de la urgencia no puede salir nada nuevo”, desconociendo, el muy orco, que el tema se viene discutiendo en Argentina hace cien años y en el mundo se discute desde que Eva se rechifló con la manzana del árbol del bien y del mejor.

Pero, ya se sabe, es inútil dar por el pito más de lo que el pito vale.

Juez que finalizó su discurso diciendo que “Como un hombre de derecho, no se conquistan derechos quitando derechos. Efectivamente Juez, como hombre y no como mujer de derecho. Y efectivamente los derechos conquistados por el patriarcado con el sometimiento, la hoguera y la tortura inquisidora del medioevo para acá, deberían ser devueltos a sus dueñas para que, como vos, puedan decidir sobre sus cuerpos. Si los embarazados fueran los hombres, Juez, la legalización hubiera ocurrido en 1810.

Y Vigo, expresión apolillada de la Córdoba hipócrita, conservadora y clerical que buscó lavarse las manos diciendo que “está a favor de la despenalización, pero en contra de la legalización” sabiendo que, a cambio de una bendición del obispo de turno, condena al infierno del aborto clandestino y sus consecuencias a cientos de cordobesas indefensas.

Mi tía Elvira, es pañuelo verde, cumplió los setenta en agosto, vive en Mina Clavero y no la veo desde febrero.

Cuando le pregunté cómo estaba, me respondió por WhatsApp que: “si los viejos de la cuadra vieran lo linda que estoy, mueren sin confesarse.”

Me dijo además que no entendía porque los llamados defensores de las dos vidas se oponían a la interrupción del embarazo. Porque, de todos modos, quién quisiera abortar lo seguirá haciendo clandestinamente.

Ella sospecha que quienes se oponen quieren que las mujeres pobres paguen con su vida la osadía de querer decidir libremente sobre su cuerpo.

Que sea ley, tía.

Ahora sí, bienvenidos.


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Raúl Ernesto Jiménez – Luz verde

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