Una máquina de vida

Ariel Torti



Este tiempo de pandemia nos recuerda, de manera inexorable y recurrente, nuestro carácter finito. La vida individual y colectiva está a la espera, hasta nuevo aviso. El Excel del Covid-19 congela como nunca nuestras certezas de mañana. Y sobre llovido, mojado: la conciencia de fragilidad hizo fondo blanco el día de la muerte de Maradona. Saltamos todos juntos, al vacío del callejón celeste y blanco, bañados en alcohol y con el barbijo incrustado en el inconsciente. Mientras intentábamos asumir que nuestra percepción de futuro mira a través de un vidrio empañado, se va el tipo que más nos hizo olvidar la muerte. El diez fue / es una máquina de vida. O acaso: ¿Quién recordó su finitud luego de los goles a los ingleses a 4 años de Malvinas? ¿Quién sintió desesperanza luego de aquella maravillosa jugada de No al Alca? ¿Quién no creyó en el futuro después de verlo abrazar una y diez veces a las madres y abuelas?

La carrera por la vacuna funge como metáfora de aquella diagonal que el más famoso le arrimó, para que volara y definiera, el Pájaro ante Brasil. ¿Ahora que va cerrando el 2020 y el pinchazo asoma, te morís, Diego? ¿Ahora que volvimos y proyectamos el 24 de marzo del 21 para marchar, nos recordás que muerte se escribe con “M” de Maradona? ¿Ahora que necesitamos clasificar para la post pandemia saludas a la tribuna y te metes al túnel? ¿Ahora que andamos pidiendo a gritos que todo pase vos nos aseguras que hay un fin?

Cuando Ramón Carrillo nos esclareció con aquello de “frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios como causas de enfermedades son unas pobres causas”, no eliminó lo biológico, sino que lo subsumió en lo social. Y cuando Diego sentenció “yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”, nos recordó a todos aquel párrafo del juramento hipocrático que dice: “iré en beneficio del paciente para liberarlo de toda injusticia y de todo agravio”. Y cuando la horda que aprobó reduccionismo sociológico en el primer turno de examen vocifera «negro de mierda, mejor que no hable», nosotros cantamos a Atahualpa porque sabemos que el rancho jamás se tasa con ojos de forastero.

Se nos murió un familiar, Dr. El único familiar que en el viaje de Fiorito y Dubái hizo escala en el cielo para tirarle un caño a Macri y clavar en el ángulo de las definiciones aquello de no querer ser ejemplo de nada. Se nos murió un amigo, Dr., y en plena pandemia. Diciembre empieza con la D de Diego, el “genio del fútbol mundial”, y eso es paradojalmente un aliciente, en especial para quienes aprendimos -de Freud para acá- que los afectos tienen mucho que ver con la resistencia a las infecciones.

Gracias por el abrazo, Dr. Y feliz día del médico, en especial a usted, que siempre nos explicó que el devenir del Diego fue tan biológico como biográfico y social.

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