Venus está encantador esta noche

Lucy Céspedes

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Ay señores, nunca mejor dicho, en este país se aburre el que quiere. ¿O tendremos que empezar a decir en este planeta? ¿Qué pasó el lunes pasado que alborotó tanto a la comunidad científica internacional? ¿Por qué de repente están todes hablando de Venus?

Bueno, resulta que en realidad el domingo 13 a la noche se filtró una noticia bomba. Por si algo le faltaba al 2020, algunos sitios web empezaron a mencionar un artículo científico publicado… ¡el lunes 14! Volver al Futuro quién te conoce. Entonces, el lunes 14 era el día D, o, ya que se trata de Venus, el día V. La Royal Astronomical Society de Londres anunció una conferencia de prensa por YouTube. La tensión se palpaba en el aire. ¿Quiénes serían los 23 seleccionados para ir al Mund-ah, no, esperen, esa era otra conferencia de prensa?

Qué anunciaron en la famosa conferencia. Que un equipo internacional de astrónomes, utilizando telescopios ubicados en Hawaii y Chile, ha detectado fosfina en las nubes de Venus. Lo que hizo que se le acelere el pulso a científicos de todo el mundo es que la fosfina, hasta donde sabemos, es un gas que se crea por unas pocas vías: en condiciones de extrema presión como ocurre en los planetas gigantes Júpiter y Saturno, en algunos procesos de la industria química… o, como ocurre en la atmósfera de la Tierra, por la degradación de materia orgánica. Como producto de la actividad biológica de microorganismos.

Paren las rotativas.

¿Acaso pusimos materia orgánica, actividad biológica, microorganismos y Venus en la misma oración?

Sí, incluso lo pusimos en un artículo científico publicado en una prestigiosa revista académica, pero lo pusimos con unas comillas muy muy grandes y lo tenemos que tomar con unas pinzas más grandes aún.

Acá hay dos personas que tenemos que seguir en su razonamiento. La primera es Sherlock Holmes (perdón, para mí es una persona). Él solía repetir que cuando se ha eliminado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, tiene que ser la verdad. Antes de afirmar que la fosfina hallada en Venus es de origen biológico, tenemos que eliminar todas las otras posibilidades, esto es, que sea creada por procesos abióticos. Antes de publicar el trabajo, les investigadores descartaron cuidadosamente que la fosfina venusina (¡rima!) sea producto de relámpagos en la atmósfera del planeta, descartaron actividad volcánica, y hasta descartaron que haya sido un meteorito con trazas de fosfina lo que la llevó hasta Venus. Pero siempre es posible que haya algún otro proceso químico involucrado que no conozcamos aún. Otra máxima holmesiana: si es necesario, hay que modificar nuestra teoría para que se adapte a los hechos, nunca retorcer los hechos para que encajen con nuestra teoría.

La otra persona a quien tenemos que seguir, en esto, y siempre, es a Carl Sagan. En 1967, Sagan, astrónomo, y Harold Morowitz, biofísico, fueron los primeros en sugerir la idea de que las nubes de Venus podrían ser un ambiente que reúna las características químicas propicias para la vida. Aclaremos: la superficie de Venus es el infierno mismo. La presión atmosférica es 90 veces mayor que en la Tierra y la temperatura promedio es de más de 400 °C. Pero en las nubes que lo rodean, las condiciones son un poco más amigables… si no contamos que son extremadamente ácidas. Aunque… es cierto que conocemos microorganismos, llamados extremófilos, que, justamente, adoran vivir en ambientes extremos.

Sagan también decía que «afirmaciones extraordinarias requieren evidencia extraordinaria». Hasta ahora, sólo se detectaron trazas de un gas que podría ser un biomarcador. En este punto, salir a decir hay vida en Venus es, cuando menos, irresponsable. Todavía no tenemos la evidencia extraordinaria para sostener esta afirmación extraordinaria. Pero esto no quita que de ahora en más nos permitamos mirar al lucero del alba con otros ojos.

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